jueves, 27 de octubre de 2011

Valladolid, España.      JUNIO 27
Sentado en su terraza, con un sol tedioso y agobiante, se encontraba Ricardo.
Cerca al crepúsculo daba bocanadas de humo, con ese bigote hirsuto atisbaba desde su balcón aquel seto que circundaba el zaguán del ayuntamiento español.
Era difícil de creer, pero era cierto.
Víctor: Oiga Ricardo, ¿cómo amaneció usted hoy?
Ricardo: Muy bien don Víctor, muchas gracias. ¿Cómo está su esposa?
Víctor: Ella se encuentra delicada de salud, voy a ser papá.

Ricardo: Pero mire que curioso, felicitaciones hombre.
Víctor: Tenemos que celebrar.
Ricardo: De hecho, de esta semana no pasa una buena borrachera.
Víctor: Vengo de comprar unos calmantes para mi esposa.
Ricardo: Vaya, que debe ser terrible esas contracciones.
Víctor: Aunque no lo crea, ella espera al bebé, no yo.
Ricardo: Hasta luego, y acuérdese, fin de semana.
Víctor: Hasta luego.
Ricardo estaba preocupado, un sin número de ideas rondaban su cabeza, sudaba y a la vez tenía frenesíes.
Sofía: ¿Mi amor?
Ricardo: ¿Si?
Sofía: ¿Qué haces aquí solito?
Ricardo: Pensando un poco.
Sofía: ¿Pensando? ¿En qué?  Si todo este idilio entre nosotros es fructífero.
Ricardo: ¿Por qué piensas que los problemas siempre giran entorno a ti?
Sofía: No lo sé, discúlpame amor.
Luciana: ¿Se les ofrece algo a los señores?
Ricardo: Dos copas de vino por favor.
Luciana: ¿Sólo ello?
Ricardo: Si, sólo ello.
Luciana: Está bien.

Sonó la puerta, Luciana bajó en sigilosamente, sin que nadie la oyera. Se tramaba algo.

Luciana: ¿Sí?
Doctora: Disculpe, ¿acá vive el señor Ricardo Tiersen?
Luciana: Sí, ¿algún recado?
Doctora: Tome, esto es para él. Son unos análisis, la semana pasada asistió a mi consultorio.
Luciana: ¿Sí?, que raro, bueno yo le hago presente.
Doctora: Está bien, dígale que tome estas pastillas y que regrese en dos semanas.
Luciana: No se preocupe, muchas gracias.
Doctora: A Usted.

Luciana subió corriendo las escaleras, angustiada. ¿Se habrá inmiscuido en los asuntos de Ricardo? Quien sabe.
Lo llamó a un lado y tuvieron una conversación amena. Sofía miraba desconfiada.
Ricardo miró a Sofía, y al verla despistada guardó el papel dentro de sus pantalones.
Improvisó con Luciana.

Ricardo: Está bien Luciana, gracias por el recado del Dr. Benavente.
Luciana: Pero…
Ricardo: Gracias, puedes retirarte.

Confundida se retiró y no dijo ni una palabra más.
Sofía le preguntó que había pasado, Ricardo sólo le dijo que el Dr. Benavente lo quería ver en su despacho ya que había unos asuntos que no habían sido finiquitados.
Apagó el cigarro. Carraspeó y dirigíos al cubículo. Sofía iba tras él.

Sofía: Amor, ¿qué te pasa? ¿Acaso no confías en mí?
Ricardo: No es que no confíe en ti, sólo que son tonterías, es decir… nada.
Sofía: Entonces acurruquémonos un poco.
Ricardo: Espera, le pediré a Mariana que nos traiga un poco de vino, fresas y un sifón.
Sofía: Yo la llamo. ¡MARIANAAAAA!
Mariana: Díganme señores.
Sofía: Por favor, deseamos un poco de vino, fresas y un sifón.
Mariana: En un momento se los traigo, ¿hace mucho frío, verdad?
Sofía: Pues sí, pero en unos minutos lo dudo mucho.
Mariana: ¿Por qué lo dice?
Sofía: No seas curiosa y ve a traer lo que te pedí.
Mariana: Está bien.
(De noche)
Cerca a la chimenea, Ricardo era acariciado suavemente y con lujuria por Sofía, mientras que en él se notaba preocupación, era tipo así un enigma.

Sofía: Amor, pensé que ya no rendías.
Ricardo: Por favor, cuando uno es bueno, es bueno, no como el pánfilo de tu ex marido.
Sofía: Amor, no hay que desestimar a la gente, pero tienes razón, era un completo idiota.
Ricardo: Me daré un duchazo y me iré a dormir.
Sofía: Pero yo quería ver una película de Polanski.
Ricardo: Lo siento, estoy exhausto.

Hurgó en sus pantalones y sacó el sobre, dentro de el se encontraba una hoja medio grisácea y carcomida y una nota, cuyo contenido era secreto.
Valladolid, España.      JUNIO 28 
Gélidas y yertas estaban las rúas españolas, el panorama que se apreciaba era maldito, el verde valle, la vera que rozaba las faldas de las colinas, era bellísimo.

Sofía: ¡RICARDOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Ricardo: ¿Qué pasó amor?
Sofía: Me soñé algo horrible, algo horrible.
Ricardo: ¿Qué? Cuéntame, te noto angustiada, sudada, te traeré un poco de coñac.
Sofía: Espera, quédate primero.
Ricardo: Está bien, tranquilízate, respira que nadie se ha ido.
Sofía: Estaba yo de blanco, a vísperas de nuestra boda, cuando viniste por detrás, me agarraste el hombre y me dijiste que no te ibas a casar conmigo por ciertas razones, en realidad yo no te creí, me puse necia y te tiré una bofetada y sin más nada que decir me retiré, sollozando.
Ricardo: ¿En serio soñaste eso?
Sofía: Si, fue horrible, espero que esto nunca suceda, sé que los sueños, sueños son, pero no quiero que te vayas de mi lado, esos momentos maravillosos que pasamos, las conversaciones, los consejos, lloramos juntos, viajamos juntos e hicimos muchas cosas juntos.
Hubo un silencio repentino.

Sofía: ¿Te sucede algo?
Ricardo: …, aún no te he dicho la verdad de mis preocupaciones.
Sofía: ¿Cómo?
Ricardo: Que ese sueño tuvo algo de certero.
Sofía: ¿AH?
Ricardo: Todos estos años de regocijo, se convirtieron en penurias. Tenía una vida hedonista y todas las mujeres con las que yo estuve, las que me trataron como un rey y etcéteras, las dejé, ¿por qué?, porque era un maldito hedonista.
Sofía: ¿Qué me quieres decir con ello?
Ricardo: Que una de ellas me malogró la vida.
Sofía: ¿Cómo? ¿Cómo?
Ricardo: Volviéndome portador.
Sofía: Ricardo, no me digas que…
Ricardo: Si Sofía, tengo SIDA.

Un silencio profundo y el ulular del viento.



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